LADRA MUY LEJOS DEL RÍO


EXs, 2026

Zarcillo que me rodea, me enreda y me hace rebosar. Tus alas nacen de una corteza, de una manzana que trato de pelar sin interrupción. Sumerjo mi cara sobre una superficie blandita, percatándome de que sigo incansablemente rizando el rizo. Las finas líneas de un dibujo en mi cuaderno tienden la mano a los versos de un poema, de una canción pop, de una declaración de amor inscrita en el muro de esta calle. Las palabras de otra calan en el murmullo de un cuello que me porta, que porta todas estas perlas que hablan de ti, de mí, de nosotras. Y un clavo encima de otro deja entrever un rostro, una aparición.

«ladra muy lejos del río» es una muestra que desea poner en diálogo la práctica artística de Jazmín Giudici (Rosario, 1994) y de Leire Lacunza Miranda (Donosti, 1996). En ellas la palabra deviene un lugar común, un lugar de enunciación que propone tomar cuerpo en el espacio expositivo a través de distintas materialidades, abriendo paso a un extenso imaginario simbólico. Ensartar, enredar, dibujar, tejer, soldar, o martillear son algunos de los gestos que las artistas emplean en sus procesos y que ahora aquí se entrecruzan.

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Hay un tiempo en la palabra, y otro en el material. Y, a la vez, ambos son parte de un mismo todo. Leire Lacunza Miranda pone en práctica ejercicios de aparición y de borrado a través de la acumulación verbal y matérica. Los abalorios se ensartan y contornean la forma de un cuello, reproduciendo ese lejano gesto de amistad por el cual una regalaba un collar a otra. En ellos se esconden confesiones extraídas de distintos contextos –ya sean canciones, poemas o pintadas callejeras– que posteriormente mutan hacia un rostro. Una silueta emerge gracias a una suma de clavos o, en todo caso, a su rastro en el espacio.

Con el deseo de evitar la frontalidad, las esquinas se tornan nuestras aliadas, provocamos roces a la arquitectura. Para Leire, la acción de clavar desvela tensiones semiiconoclastas que contrastan con la ternura cálida de esos collares. Frente a ellos, unas planchas de acero galvanizado nos advierten de una estructura que anteriormente fue un techo. Las chapas, exentas y enroscadas, adquieren una corporalidad otra, una corporalidad-cueva. Ahora, más que cubrirte, el techo te abraza.

Hay otro tiempo que es el del trazo, el de una mano que recuerda y se deja llevar tanto por aquello inconscientemente aprendido como por aquello que le despierta curiosidad. Para Jazmín Giudici, las cadencias de la mano implican recuerdos gestuales que no buscan corregir las formas sino dejarlas surgir. Seres acuáticos, rizos casi animalescos o cortezas deshidratadas revelan un imaginario que se funde y surge de las finas líneas que la tinta deja sobre el cuaderno. El dibujo se presenta como lo que es, y no como un anticipo a otra pieza. Reivindicamos el dibujo, así como sus notas a media página.

Junto a sus pinturas, Jazmín se sumerge en un vaivén rizomático marcado por la memoria. En estas últimas, la densidad de un ambiente que se retuerce en sí mismo nos enseña lo que oculta una semilla. Se repiten en ellas formas que atraviesan desde lo más contenido hasta lo más extenso, mostrándonos un repertorio propio que se desvanece y se mezcla en un intento en vano por retenerlo. Hay en ella un tiempo que también es de secreto.



Aristas: Leire Lacunza Miranda i Jazmín Giudici
Diseño: Belén Soria


LADRA MUY LEJOS DEL RÍO (PDF)